The Becoming of Noah Shaw

Tener que desempolvar este blog ha sido un trabajo arduo, pero todo sea por traerles estos adelantos.

¡Tenemos portada oficial!

 

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Y como mencionamos en nuestra página de fb, la fecha oficial de lanzamiento es el 7 de noviembre de este año.

Pero eso no es todo, acompañando la revelación de la portada tenemos también un adelanto del primer capítulo que puedes leer en español aquí:

CAPÍTULO 1
Conquistar o Morir.

Somos una multitud pequeña a la que no le quedan lágrimas, nosotros los sobrevivientes de David Shaw.

Imagínalo: nosotros cinco reunidos como un ramillete marchito, mi abuela el único cardo de pie.

Junto a ella, mi abuelo languidece suavemente bajo el gran domo que está encima de nosotros, pintado por algún horriblemente famoso artista algunos siglos atrás, pues esta es literalmente nuestro hogar ancestral, construido en los años mil quinientos por Henry el Algún-avo. El abuelo, mejor conocido como Lord Elliot II, fue alguna vez un corpulento hombre inglés de espalda recta pero jovial hombre inglés. Cazador de faisanes, de zorros, pero no de fortuna -la cual heredó de su padre, quien la heredó de su respectivo padre y así de nuevo. Ahora, sin embargo, se encorva junto a mi abuela, la mitad de su rostro se retuerce en una mueca permanente después de una apoplejía sucedida hace dos años. Traté de sanarlo cuando descubrí que era algo que podía hacer. No funcionó. Aún no sé por qué.

Sus ojos color azul claro están nublados y miran fijamente a la nada mientras se reclina sobre su bastón, su mano temblorosa. Mi abuela no puede disfrazar su placer a la óptica de nuestra familia con hábitos negros parada en la gran escalinata de la gran entrada mientras pretendemos esperar por los carros a plena vista de los dolientes pasando a pie. no importaba que mi abuelo no pudiera subir las escaleras, a Lady Silvia no le podría haber importado menos.

Imagina, si lo deseas, una versión más nítida y cruel de Maggie Smith, y tendrás un indicio de la idea de mi abuela. Agrega una dosis nada saludable de toxina botulínica y ahí tienes tu visión.

Nunca me he sentido más como un extraño que estando parado a un lado de los restos de mi familia. Mi madrastra, Ruth, sujeta la mano de mi hermana Katie mientras el valet ayuda a mi abuelo a descender al carro, por el bien de mi hermana más que del suyo. mi madrastra parece estar bien, realmente, soportando esta fealdad como si fuese otro día cualquiera con mis abuelos, ha tenido años de práctica siendo una americana de clase baja, y la segunda esposa de mi padre por cierto. Mi hermana, sin embargo, tiene sus ojos, azules como el océano, nublados y sin vida viendo a la nada, y vestida de negro, se ve más muerta ella misma; apenas se da cuenta cuando mi madrastra rompe el contacto para dirigirse hacia la iglesia por su cuenta. Deberíamos ir con ella, pero mi abuela insistió en este arreglo (carros separados para las segundas esposas), y a Ruth no le importaba lo suficiente para protestar o era más sensata.

La capilla del siglo dieciocho está situada en los terrenos de la hacienda, a tan sólo medio kilómetro de distancia, su chapitel perfora el Cielo Inglés™ (gris, sin sol, con la presencia de uno que otro cuervo). Una madera cuidadosamente embellecida con un jardín ayuda a oscurecer las ruinas del siglo doce de la abadía que la precedió. Abuela encuentra las ruinas feas, como era de esperarse, pero el Fondo Nacional para la Preservación Histórica entró en un arreglo con algún ancestro que no tenía dinero (mantener castillos no es algo barato) y por lo tanto impedían que mi abuela jodiera con aquello con lo que no debía joderse. Soy un poco sentimental con respecto a esas ruinas, mientras era pequeño atenté con poco entusiasmo suicidarme una y otra vez, siempre regresando de mis expediciones después de las horas normales de turistear con las rodillas titilantes con cortes, y una o dos fracturas ocasionales.

—Muy bien, niños —mi abuela junta sus manos mientras el carro se detiene—. El carruaje iniciará la procesión una vez que todos estén asentados en la capilla. Todo lo que necesitan hacer es esperar hasta que el féretro sea llevado adentro, luego sentarse en el banco de la izquierda hasta enfrente. ¿Han entendido?

La voz sin emoción ni afecto de mi padre se hace eco en la voz de ella, y habla como si no fuera la muerte de su hijo el muerto por la que nos hemos reunido aquí a lamentar, sino más bien una representación teatral que estamos a punto de presentar. Si fuera capaz de sentir algo en este momento, creo que podría odiarla.

—Sí, abuela —dice Katie.

Es mi turno. —Entendido —digo.

—Perfecto —se arregla su cabello y el cabello gris como el hierro de mi abuelo acompañado de su traje. Las puertas de la capilla se abren y una pequeña multitud espera el carruaje fúnebre por dentro y por fuera. (Sí, los carruajes fúnebres son algo que existe.) El valet sale de nuestro ahora desocupado carro para ayudar a mi abuelo, y cuando la puerta se abre…

El aire se llena con sonido, más latidos de los que puedo contar, los hilos de al menos unos cien pulsos apresurándose, el aire mismo parecía inhalar y exhalar con cada aliento tomado detrás de las paredes de piedra. Puedo escuchar los corazones pequeños de las aves, cuervos, faisanes, palomas, distintos de aquellos de los alcones cortando el aire por encima de nosotros. La puerta de madera nudosa y hierro se abre, y es como si se rompiera un panal de abejas, susurros y tos y ecos, cada nota rebosante y espeluznante. Un impulso viejo, apagado de poner mis manos sobre mi orejas y gritar como (muy ocasionalmente) lo hacía cuando era un niño, crece, pero mis oídos nunca fueron el problema. Mi mente lo es.

Esto es lo que usualmente se siente ser yo:

Los sonidos que no deberían ser posible de escuchar rozan la superficie de mi mente. Todo es ruido blanco hasta que logro enfocar, hasta que algo capta mi atención, pero esto, justo ahora, no es nada como eso. Esto se siente como un asalto, un revoltijo de sonidos, como ser rodeado por instrumentos que están siendo destrozados. Es lo suficientemente distrayente para que no me haya dado cuenta de las docenas de cabezas torcidas sobre hombros para mirar a nuestro Grupo Largamente Esperado. Y mirad, entre ellos se encuentra Ganso.

El volumen del sonido nubla mi visión por un momento, las multitudes siempre son horribles, pero es especialmente peor hoy, Ganso no es más que una caída de cabello rubio y una sonrisa abierta, flanqueado por los borrones de Patrick y Neirin. Hay un trueno por una mano en mi hombro. —Qué mala suerte, amigo —dice Ganso, su voz profunda y bastante asombrosamente resonante, se eleva sobre el estrépito.

—Lo lamentamos mucho —le sigue Patrick. Un simple asentamiento de cabeza por parte de Neirin.

Esos tres rostros, ninguno parecido en dignidad o rasgo: Ganso claro y desgarbado y ruidoso; Neirin oscuro y suave e inocente; y un pelirrojo y pecoso Patrick.

Patrick y Neirin parecen congelados en el tiempo , sus rostros los mismo que eran hace casi tres años cuando dejé Westminster. Veo imágenes de recuerdos con sus caras: Ganso levantando su dedo medio hacia mí; Patrick enrollando su primer cigarro con feroz concentración; Neirin rayando problemas matemáticos, su rostro contraído en concentración.

Y luego estoy yo, sosteniendo una champaña como sable un momento, rociando el valor de cientos de libras en gargantas abiertas el siguiente momento. Poniendo mi cigarro en el panqueque de pelo de caballo para el colectivo horror de maestros y alumnos congregados para el Panqueque Greaze del Martes de Carnaval (no malgastemos tiempo en explicaciones, Googléalo), y nosotros cuatro inhalando líneas de coca que Patrick tímidamente produjo de su bolsillo, sobre su iPad en el estudio de su padre.

No éramos un cuarteto. Para eso tendríamos que haber hecho vínculos sobre secretos, y yo no compartía ninguno mío. Los secretos te distancian de todos, así que yo siempre sugería la vasta mayoría de nuestras proezas para enmascarar que nunca podía conectar bien con ellos en primer lugar. Inserta un sollozo reprimido aquí, ¿quieres?

Una lengua bifurcada hace click al lado de mi oreja. —Ya casi es tiempo —dice mi abuela, mirando al valet por confirmación, luego a mi madrastra. Con un minúsculo asentamiento de su cabeza mira hacia adelante, hacia la mansión, hacia los viejos establos, antiguos pero fortificados sobre los siglos. Desde la verja, emergen cuatro caballos frisón, un conductor los comanda con un sombrero de copa, y detrás sigue el ataúd de mi padre encascado en una carroza fúnebre negra con cristales.

No puedo ver tan bien desde aquí, mi cabeza aún burbujea con sonidos, murmuros y toses y todo lo demás. Pero no Mara.

La manera en que ella suena, la manera en que ella siempre ha sonado, como una nota discortante, retorcida lo suficiente para afectar a las notas que la rodean, es imposible de ignorar. Una huella auditiva, clara a su propia manera, claramente Mara. Desde la primera vez que la escuché, nunca más quise escuchar a alguien más.

Busco y escucho por esa nota mientras los cascos de los caballos golpean el suelo en un trote constante y digno, sus grandes corazones bombeando sólidamente por el esfuerzo. Casi puedo sentir su aburrimiento mientras se acercan, por lo que, a mitad del camino, la onda de terror y rabia en su cuerpo reverbera en el mío. Juntos rompen su andar, deteniéndose,  pisoteando, uno se regresa, otro se hace a un lado y choca con otro caballo. Entonces uno de ellos retrocede, casi quebrando el arnés. El color del rostro de Katie es como la ceniza, sus latidos se aceleran de la manera que los caballos quieren hacerlo.

—Todo está bien —digo reflexivamente, y mi hermana voltea su cabeza en mi dirección y sus ojos se vuelven endiduras. Hay ira ahí, luchando por un lugar al lado de su tristeza. El día de hoy la está cambiando, ya la ha cambiado.

Mi abuela se aferra con fuerza al brazo de mi abuelo, su rostro una máscara de placidez mientras su sangre se enfría con rabia. Ella mira hacia el sacerdote, quien dice unas palabras a la gente en un intento en vano de calmarlos, porque los caballos han empezado a agarrar velocidad hacia la capilla, obteniendo gritos a pesar de estar a varios metros de distancia. Pudo sentir su poder en el suelo. Están a punto de girar abruptamente a su derecha, cuando hay una rajadura en el bosque justo antes de que lo hagan, justo antes de que la carroza fúnebre se vuelque.

Sé lo que van a hacer antes de que lo hagan, porque en ese momento escucho a Mara, la veo corriendo hacia nosotros, diagonalmente a través de los arbustos que encierran los jardines y más allá de la fuente de Atlas, y en el momento en que su camino empieza a converger con el del carruaje, los caballos salen disparados con pánico. Mis ojos encuentran los de Mara, y ella se detiene. Mira a los caballos y luego a mí.

Es ella de quien están aterrados. Lo sé, ella lo sabe, y por eso mismo se desvanece tan suavemente como su llegada.

No espero por nadie para calmar los caballos, o por los portadores del féretro para que recojan el ataúd y lo acarreen hacia la iglesia. Me alejo del sacerdote, intentando apresurar a todos y alejarlos de la escena dentro de la capilla, y logro escaparme sin ser notado. Miro hacia atrás sólo una vez antes de alcanzar los árboles, tardo lo suficiente para ver la brillante cabeza de Katie moviéndose a través de las puertas, sus ojos vacantes, sus brazos son sostenidos por Ruth y mis abuelos antes de que el último nudo de cuerpos entre. Y entonces me alejo de todos ellos, lejos de mi padre, lejos de los empapados restos de mi familia, hacia Mara.

¿Quién más quiere que Noviembre llegue lo más antes posible?

PD. Perdón por los errores que debe haber, he preferido traducir esto rápido en lugar de estudiar para mi examen final de Termodinámica.

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