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The Becoming of Noah Shaw

Tener que desempolvar este blog ha sido un trabajo arduo, pero todo sea por traerles estos adelantos.

¡Tenemos portada oficial!

 

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Y como mencionamos en nuestra página de fb, la fecha oficial de lanzamiento es el 7 de noviembre de este año.

Pero eso no es todo, acompañando la revelación de la portada tenemos también un adelanto del primer capítulo que puedes leer en español aquí:

CAPÍTULO 1
Conquistar o Morir.

Somos una multitud pequeña a la que no le quedan lágrimas, nosotros los sobrevivientes de David Shaw.

Imagínalo: nosotros cinco reunidos como un ramillete marchito, mi abuela el único cardo de pie.

Junto a ella, mi abuelo languidece suavemente bajo el gran domo que está encima de nosotros, pintado por algún horriblemente famoso artista algunos siglos atrás, pues esta es literalmente nuestro hogar ancestral, construido en los años mil quinientos por Henry el Algún-avo. El abuelo, mejor conocido como Lord Elliot II, fue alguna vez un corpulento hombre inglés de espalda recta pero jovial hombre inglés. Cazador de faisanes, de zorros, pero no de fortuna -la cual heredó de su padre, quien la heredó de su respectivo padre y así de nuevo. Ahora, sin embargo, se encorva junto a mi abuela, la mitad de su rostro se retuerce en una mueca permanente después de una apoplejía sucedida hace dos años. Traté de sanarlo cuando descubrí que era algo que podía hacer. No funcionó. Aún no sé por qué.

Sus ojos color azul claro están nublados y miran fijamente a la nada mientras se reclina sobre su bastón, su mano temblorosa. Mi abuela no puede disfrazar su placer a la óptica de nuestra familia con hábitos negros parada en la gran escalinata de la gran entrada mientras pretendemos esperar por los carros a plena vista de los dolientes pasando a pie. no importaba que mi abuelo no pudiera subir las escaleras, a Lady Silvia no le podría haber importado menos.

Imagina, si lo deseas, una versión más nítida y cruel de Maggie Smith, y tendrás un indicio de la idea de mi abuela. Agrega una dosis nada saludable de toxina botulínica y ahí tienes tu visión.

Nunca me he sentido más como un extraño que estando parado a un lado de los restos de mi familia. Mi madrastra, Ruth, sujeta la mano de mi hermana Katie mientras el valet ayuda a mi abuelo a descender al carro, por el bien de mi hermana más que del suyo. mi madrastra parece estar bien, realmente, soportando esta fealdad como si fuese otro día cualquiera con mis abuelos, ha tenido años de práctica siendo una americana de clase baja, y la segunda esposa de mi padre por cierto. Mi hermana, sin embargo, tiene sus ojos, azules como el océano, nublados y sin vida viendo a la nada, y vestida de negro, se ve más muerta ella misma; apenas se da cuenta cuando mi madrastra rompe el contacto para dirigirse hacia la iglesia por su cuenta. Deberíamos ir con ella, pero mi abuela insistió en este arreglo (carros separados para las segundas esposas), y a Ruth no le importaba lo suficiente para protestar o era más sensata.

La capilla del siglo dieciocho está situada en los terrenos de la hacienda, a tan sólo medio kilómetro de distancia, su chapitel perfora el Cielo Inglés™ (gris, sin sol, con la presencia de uno que otro cuervo). Una madera cuidadosamente embellecida con un jardín ayuda a oscurecer las ruinas del siglo doce de la abadía que la precedió. Abuela encuentra las ruinas feas, como era de esperarse, pero el Fondo Nacional para la Preservación Histórica entró en un arreglo con algún ancestro que no tenía dinero (mantener castillos no es algo barato) y por lo tanto impedían que mi abuela jodiera con aquello con lo que no debía joderse. Soy un poco sentimental con respecto a esas ruinas, mientras era pequeño atenté con poco entusiasmo suicidarme una y otra vez, siempre regresando de mis expediciones después de las horas normales de turistear con las rodillas titilantes con cortes, y una o dos fracturas ocasionales.

—Muy bien, niños —mi abuela junta sus manos mientras el carro se detiene—. El carruaje iniciará la procesión una vez que todos estén asentados en la capilla. Todo lo que necesitan hacer es esperar hasta que el féretro sea llevado adentro, luego sentarse en el banco de la izquierda hasta enfrente. ¿Han entendido?

La voz sin emoción ni afecto de mi padre se hace eco en la voz de ella, y habla como si no fuera la muerte de su hijo el muerto por la que nos hemos reunido aquí a lamentar, sino más bien una representación teatral que estamos a punto de presentar. Si fuera capaz de sentir algo en este momento, creo que podría odiarla.

—Sí, abuela —dice Katie.

Es mi turno. —Entendido —digo.

—Perfecto —se arregla su cabello y el cabello gris como el hierro de mi abuelo acompañado de su traje. Las puertas de la capilla se abren y una pequeña multitud espera el carruaje fúnebre por dentro y por fuera. (Sí, los carruajes fúnebres son algo que existe.) El valet sale de nuestro ahora desocupado carro para ayudar a mi abuelo, y cuando la puerta se abre…

El aire se llena con sonido, más latidos de los que puedo contar, los hilos de al menos unos cien pulsos apresurándose, el aire mismo parecía inhalar y exhalar con cada aliento tomado detrás de las paredes de piedra. Puedo escuchar los corazones pequeños de las aves, cuervos, faisanes, palomas, distintos de aquellos de los alcones cortando el aire por encima de nosotros. La puerta de madera nudosa y hierro se abre, y es como si se rompiera un panal de abejas, susurros y tos y ecos, cada nota rebosante y espeluznante. Un impulso viejo, apagado de poner mis manos sobre mi orejas y gritar como (muy ocasionalmente) lo hacía cuando era un niño, crece, pero mis oídos nunca fueron el problema. Mi mente lo es.

Esto es lo que usualmente se siente ser yo:

Los sonidos que no deberían ser posible de escuchar rozan la superficie de mi mente. Todo es ruido blanco hasta que logro enfocar, hasta que algo capta mi atención, pero esto, justo ahora, no es nada como eso. Esto se siente como un asalto, un revoltijo de sonidos, como ser rodeado por instrumentos que están siendo destrozados. Es lo suficientemente distrayente para que no me haya dado cuenta de las docenas de cabezas torcidas sobre hombros para mirar a nuestro Grupo Largamente Esperado. Y mirad, entre ellos se encuentra Ganso.

El volumen del sonido nubla mi visión por un momento, las multitudes siempre son horribles, pero es especialmente peor hoy, Ganso no es más que una caída de cabello rubio y una sonrisa abierta, flanqueado por los borrones de Patrick y Neirin. Hay un trueno por una mano en mi hombro. —Qué mala suerte, amigo —dice Ganso, su voz profunda y bastante asombrosamente resonante, se eleva sobre el estrépito.

—Lo lamentamos mucho —le sigue Patrick. Un simple asentamiento de cabeza por parte de Neirin.

Esos tres rostros, ninguno parecido en dignidad o rasgo: Ganso claro y desgarbado y ruidoso; Neirin oscuro y suave e inocente; y un pelirrojo y pecoso Patrick.

Patrick y Neirin parecen congelados en el tiempo , sus rostros los mismo que eran hace casi tres años cuando dejé Westminster. Veo imágenes de recuerdos con sus caras: Ganso levantando su dedo medio hacia mí; Patrick enrollando su primer cigarro con feroz concentración; Neirin rayando problemas matemáticos, su rostro contraído en concentración.

Y luego estoy yo, sosteniendo una champaña como sable un momento, rociando el valor de cientos de libras en gargantas abiertas el siguiente momento. Poniendo mi cigarro en el panqueque de pelo de caballo para el colectivo horror de maestros y alumnos congregados para el Panqueque Greaze del Martes de Carnaval (no malgastemos tiempo en explicaciones, Googléalo), y nosotros cuatro inhalando líneas de coca que Patrick tímidamente produjo de su bolsillo, sobre su iPad en el estudio de su padre.

No éramos un cuarteto. Para eso tendríamos que haber hecho vínculos sobre secretos, y yo no compartía ninguno mío. Los secretos te distancian de todos, así que yo siempre sugería la vasta mayoría de nuestras proezas para enmascarar que nunca podía conectar bien con ellos en primer lugar. Inserta un sollozo reprimido aquí, ¿quieres?

Una lengua bifurcada hace click al lado de mi oreja. —Ya casi es tiempo —dice mi abuela, mirando al valet por confirmación, luego a mi madrastra. Con un minúsculo asentamiento de su cabeza mira hacia adelante, hacia la mansión, hacia los viejos establos, antiguos pero fortificados sobre los siglos. Desde la verja, emergen cuatro caballos frisón, un conductor los comanda con un sombrero de copa, y detrás sigue el ataúd de mi padre encascado en una carroza fúnebre negra con cristales.

No puedo ver tan bien desde aquí, mi cabeza aún burbujea con sonidos, murmuros y toses y todo lo demás. Pero no Mara.

La manera en que ella suena, la manera en que ella siempre ha sonado, como una nota discortante, retorcida lo suficiente para afectar a las notas que la rodean, es imposible de ignorar. Una huella auditiva, clara a su propia manera, claramente Mara. Desde la primera vez que la escuché, nunca más quise escuchar a alguien más.

Busco y escucho por esa nota mientras los cascos de los caballos golpean el suelo en un trote constante y digno, sus grandes corazones bombeando sólidamente por el esfuerzo. Casi puedo sentir su aburrimiento mientras se acercan, por lo que, a mitad del camino, la onda de terror y rabia en su cuerpo reverbera en el mío. Juntos rompen su andar, deteniéndose,  pisoteando, uno se regresa, otro se hace a un lado y choca con otro caballo. Entonces uno de ellos retrocede, casi quebrando el arnés. El color del rostro de Katie es como la ceniza, sus latidos se aceleran de la manera que los caballos quieren hacerlo.

—Todo está bien —digo reflexivamente, y mi hermana voltea su cabeza en mi dirección y sus ojos se vuelven endiduras. Hay ira ahí, luchando por un lugar al lado de su tristeza. El día de hoy la está cambiando, ya la ha cambiado.

Mi abuela se aferra con fuerza al brazo de mi abuelo, su rostro una máscara de placidez mientras su sangre se enfría con rabia. Ella mira hacia el sacerdote, quien dice unas palabras a la gente en un intento en vano de calmarlos, porque los caballos han empezado a agarrar velocidad hacia la capilla, obteniendo gritos a pesar de estar a varios metros de distancia. Pudo sentir su poder en el suelo. Están a punto de girar abruptamente a su derecha, cuando hay una rajadura en el bosque justo antes de que lo hagan, justo antes de que la carroza fúnebre se vuelque.

Sé lo que van a hacer antes de que lo hagan, porque en ese momento escucho a Mara, la veo corriendo hacia nosotros, diagonalmente a través de los arbustos que encierran los jardines y más allá de la fuente de Atlas, y en el momento en que su camino empieza a converger con el del carruaje, los caballos salen disparados con pánico. Mis ojos encuentran los de Mara, y ella se detiene. Mira a los caballos y luego a mí.

Es ella de quien están aterrados. Lo sé, ella lo sabe, y por eso mismo se desvanece tan suavemente como su llegada.

No espero por nadie para calmar los caballos, o por los portadores del féretro para que recojan el ataúd y lo acarreen hacia la iglesia. Me alejo del sacerdote, intentando apresurar a todos y alejarlos de la escena dentro de la capilla, y logro escaparme sin ser notado. Miro hacia atrás sólo una vez antes de alcanzar los árboles, tardo lo suficiente para ver la brillante cabeza de Katie moviéndose a través de las puertas, sus ojos vacantes, sus brazos son sostenidos por Ruth y mis abuelos antes de que el último nudo de cuerpos entre. Y entonces me alejo de todos ellos, lejos de mi padre, lejos de los empapados restos de mi familia, hacia Mara.

¿Quién más quiere que Noviembre llegue lo más antes posible?

PD. Perdón por los errores que debe haber, he preferido traducir esto rápido en lugar de estudiar para mi examen final de Termodinámica.

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Próximamente: Mara Dyer en México

12540¡Por fin podemos compartir esta información! Y es que Grupo Editorial Océano ha hecho definitivo el lanzamiento de La Oscura Verdad de Mara Dyer en México. Lo sé, lo sé, la emoción es mucha. Pero aquí va la poco información que tenemos:

“Una historia poderosa e imaginativa.”
Kirkus Reviews

“Espeluznante, inquietante, adictiva y sorprendentemente romántica, la historia de Mara es hermosa y compleja… Hodkin ha convertido las historias de amor paranormal adolescente en algo completamente suyo.”
Romantic Times

La joven Mara Dyer intenta reconstruir lo que sucedido la noche en que ella, su mejor amiga, su novio y su hermana decidieron pernoctar en un manicomio abandonado. Sólo ella sobrevivió, pero no recuerda nada. ¿Qué ocurrió realmente aquella noche? ¿Qué oscuras fuerzas se han confabulado en su contra? Una novela juvenil tan enigmática como inquietante que combina el thriller de suspenso y las historias románticas con la narrativa de terror sobrenatural. Alabada por Veronica Roth, autora de Divergente, quien ha destacado el equilibrio que consigue la autora entre el humor negro, el misterio y lo paranormal, esta novela ha sido contratada para venderse en catorce países y marca el debut de una escritora muy joven que está causando sensación en Estados Unidos.
No hay fecha oficial de la publicación, sólo tenemos al libro en la sección de PRÓXIMAMENTE de la página de Océano México. El título oficial se mantiene como en España y la portada es la misma conservada por Maeva Young sólo que ahora trae los sellos de Océano Gran Travesía.

Aún no sabemos si se van a sacar los otros dos libros en español, apenas sepamos estaremos dando la información.

El libro tiene 416 páginas (el original en inglés consta de 452).

Los derechos de venta se han dado para Hispanoamérica (yay!) excepto Puerto Rico (lo siento).

En cuanto tengamos más información la estaremos compartiendo en este mismo sitio. No olvides que el 4 de noviembre sale a la venta el último libro de la trilogía. Y que puedes leer los 4 capítulos ya revelados aquí, aquí, aquí y aquí.

¿Emocionados por por fin tener el libro en español en tus manos? Espera pronto una sorpresa. 

Lee el cuarto capítulo de The Retribution of Mara Dyer

Por si tres capítulos no fueron suficientes, ahora te traigo el cuarto capítulo del último libro de la trilogía, The Retribution, que sale a la venta el 4 de noviembre. ¡Menos de dos semanas!

¿Estás listo?

CAPÍTULO 4

ANTES

India, Provincia desconocida.

El día que tía murió, nuestros vecinos nos veían con aprensión mientras caminábamos desde el pueblo mostrando sus cuerpo. El aire estaba tan muerto como ella; la enfermedad del río se la había llevado unos días después de que Tío me trajera a casa. Tía era la única razón por la que lo habían tolerado, con su ropa diferente, siempre azul, con sus palabras diferentes y su apariencia diferente. Ella había sido especial, Tío me decía. Cuando ella asistía un parto, el bebé se apresuraba a salir de la pansa de su madre para conocerla. Sin ella estábamos desprotegidos. No sabía que quería decir hasta que murió.

La noticia de nosotros se extendió de un pueblo a otro. A donde fuer que fuéramos, la plaga y la muerte ya había atacado, y nosotros seguíamos su rastro. Tío hacía lo mejor para la gente, compartiendo remedios, haciendo cataplasmas, pero susurros seguían nuestros pasos. Mara, nos llamaban. Demonios.

Una noche Tío se levantó de su sueño y nos dijo a mí y a Hermana que nos fuéramos de inmediato. No debíamos hacer preguntas, sólo obedecer. Nos escabullimos de nuestra choza en la oscuridad, y una vez pusimos un pie en la jungla, escuchamos su grito.

Una columna de humo se levantó en el aire, llevando consigo sus lamentos. Quería ir a él, arreglarlo, pero Hermana dijo que habíamos prometido no hacerlo, que sufriríamos el mismo destino si lo hiciéramos. No había agarrado nada más que mi muñeca. Nunca la dejaría atrás.

Mi largo y enredado cabello se pegaba a mi cuello y hombros en el húmedo calor de la noche cuando los gritos de Tío fueron reemplazados con los sonidos de la jungla, levantándose con la luna. No dormimos esa noche,  y cuando el sol salió de entre las nubes y el hambre retorció mi estómago, pensé que tendríamos que rogar por comida  como huérfanas. Pero no tuvimos que hacerlo. Hermana habló con los árboles, y ellos dejaron caer sus frutas  por ella. El suelo dio su agua. La tierra nos alimentó y sustentó hasta que llegamos a la ciudad.

Hermana me llevó directamente al edificio más alto en el puerto a ver al hombre con gafas. Se llamaba a sí mismo Mr. Barbary, y Hermana caminó directamente hacia él. Estábamos sucias, cansadas y se veía mucho que no pertenecíamos ahí.

— ¿Sí? —Dijo cuando nos paramos frente a su escritorio—. ¿Qué es lo que quieren?

Hermana le dijo quién era ella, quién había sido su padre. Él nos vio con nuevos ojos.

—No la reconocí. Ha crecido.

—Sí —dije—. Lo he hecho.

Nunca había hablado con él, o con nadie más que con Tío y Hermana. Nunca había necesitado hacerlo. Pero sabía por qué estábamos aquí, y quería impresionarlo.

Funcionó. Sus ojos se agrandaron y su sonrisa se extendió por debajo del arco chistoso de cabello que tenía encima de su labio.

— ¡Oh, pero sí habla!

Podía hacer más que eso.

Él me hizo preguntas sobre lo que nos había pasado, y sobre otras cosas también; qué había aprendido desde la última vez que le había visto, qué talentos había desarrollado, si me había enfermado. Después midió cuánto había crecido. Luego, le dio a Hermana una bolsa, y ella asentó su cabeza en gratitud.

—Debo informar a su benefactor de su cambio en circunstancias, lo entienden —él explicó.

Hermana asintió, pero su rostro era una máscara. —Lo entiendo. Pero su educación no ha sido completada. Por favor infórmele que yo voy a tomar el lugar de mi padre, si se me permite.

El señor Barbary asintió con su cabeza y después nos despidió, y Hermana me sacó del edificio agarrando mi mano. Me pregunté cómo era posible que conociera la ciudad tan bien. Ella nunca había venido con Tío y conmigo.

Hermana le pagó a un hombre para que nos encontrara alojamiento temporal, y después nos compró ropa, buenas ropas, de la clase que Tío vestía. Ella compró comida para que comiéramos en nuestro cuarto.

No se parecía a nada que hubiera visto antes, con camas altas que habían sido esculpidas en árboles que estaban cubiertas con ropas blancas tan suaves como plumas. Hermana me lavó y me vistió, y entonces comimos.

—Nos iremos después del  anochecer —dijo, levantando un fragante arroz amarillo con su pan.

Cuando mi estómago se llenaba, me empecé a sentir placentera y adormilada. — ¿Por qué no nos quedamos? —el cuarto era sólido, vacío de polvo y corrientes de aire, y las camas se veían muy limpias. Moría de ganas de acostarme en una.

—Es mejor avanzar sin ser notadas por tanto tiempo como podamos, hasta que encontremos un nuevo hogar.

No le repliqué. Confiaba en Hermana. Se había encargado de mí cuando era pequeña, como se encargaría de mí hasta el día que ella muriera.

Sucedió un largo tiempo después de que Tío había sido asesinado, aunque no sé exactamente cuánto tiempo. El tiempo no tenía importancia para mí, sólo era marcado por mis visitas al señor Barbary para inspección. Tío no tenía calendarios, y tampoco Hermana. Ni siquiera sabía mi edad. Nos movíamos por las orillas de los pueblos como fantasmas, hasta que nos corrían incluso de la periferia. Entonces nos movíamos al siguiente.

— ¿Por qué debemos seguir mudándonos? —Le pregunté mientras caminábamos—. ¿Por qué no nos dejan quedarnos? —Por la envidia, dijo Hermana.  Las personas entre las que vivíamos no tenían dones como nosotras. Eran tan ordinarios como hojas de pasto, pero nosotras éramos como flores, hermosas y raras. Ellos sospechaban de nuestras diferencias y nos odiaban por eso. Así que teníamos que pretender ser lo que no éramos, y así no seríamos lastimadas por lo que éramos.

Pero ellos nos hacían daño de todas maneras. Sin importar lo mucho que intentábamos de pasar desapercibidas, alguien siempre nos reconocía o sospechaba de nosotras. En nuestra tercera noche en el poblado más reciente, ellos se llevaron a Hermana al caer la noche, de la misma manera en que ellos se habían llevado a Tío. De la manera en que ellos trataron de llevarme.

Brazos pellizcaban mi piel y yo estaba siendo agarrada y sacada de mi tapete. Hermana gritaba, rogándoles que no me lastimaran, jurando nuestra inocencia, que no éramos peligrosas, pero antes de que pudiera despertar completamente, sus palabras fueron cortadas. Un hombre había golpeado su cabeza con una piedra. Sólo una vez, pero había sido suficiente.

Me quedé inactiva en los brazos de mi captor cuando el mismo hombre alzó la roca para golpearme con ella. Yo quería que él muriera.

Su cuerpo se sacudió, y algo se rompió desde dentro de él, mandando un torrente de sangre desde su nariz. Dejó caer su roca y gimió, alejándose de mí.

Los otros también se alejaron. No les hablé. No les grité. Miré a Hermana, su boca suelta, su cuerpo tieso, su cabello brillando con sangre, y lo quise.

Quise que ellos sintieran lo que ella sentía. Quise que ellos nunca vieran otro amanecer, ya que ella no lo haría tampoco.

Me senté a su lado, abrazando su cabeza destrozada en mi regazo. Los otros formaron un círculo grande a nuestro alrededor. Y entonces alguien aventó una piedra.

No me golpeó. Y golpeó a alguien más.

Gritos empezaron y el aire se llenó con miedo. El poblado se vació esa noche cuando los hombres, los asesinos, huyeron, llevándose a sus mujeres y niños con ellos.

Vi herramientas pero las ignoré. Empecé a juntar tierra con mis manos, y enterré a Hermana cuando terminé de escarbar su tumba poco profunda, justo donde había caído. Dormí allí hasta el día siguiente. Incluso los insectos no me molestaron. Cuando me desperté, empecé a caminar a Calcutta sola. Pasaba los cuerpos dispersos de los hombres en mi camino. La piel sobre sus labios estaba manchada de sangre, pero las moscas no los tocaban. No se atrevían.

Evitaba a la gente. Me bañé en mi sangriento y simple conjunto. La vegetación no dejaría caer sus frutos por mí, así que rodeaba los poblados y les robaba para comer. Era ignorante de todo excepto mi soledad. Extrañaba a Hermana y a Tío también, a mi manera. Pero ellos se habían ido ahora, y todo lo que me quedaba de ellos y mi vida con ellos eran cenizas y polvo y la muñeca que Hermana me había hecho, y las palabras que Tío me había dado, me había enseñado, para que pudiera hablar con mi benefactor en Inglaterra algún día.

Ese día había llegado.

Caminé hacia el puerto, hacia el señor Barbary, sin compañía por primera vez en mis recuerdos. Él miró mis ropas manchadas y mi cabello apelmazado. Me veía como algo salvaje, pero hablaba tan clara y nítidamente como él, y en su propia lengua. Le dije que mi educación estaba completa. Él me envió a un hotel cercano, y me iba a ir a buscar cuando mi pasaje a Inglaterra hubiera sido arreglado, dijo.

Me bañé en agua limpia esa noche, y limpié mi cuerpo con jabón formado, un lujo del que había aprendido pero no experimentado. Me maravillé a la espuma formada en mi piel, la espuma en mi cabello, y cuando terminé, me subí a la cama desnuda, y dejé que el aire secara mi cuerpo. Sentí como si hubiera cambiado mi piel como una serpiente, y esta nueva piel me llevaría a mi nueva vida.

Al siguiente día el señor Barbary apareció en la puerta para informarme que mi benefactor había muerto la semana pasada, pero que no me preocupara ya que me había previsto en caso del evento de su muerte. Su viuda había sido informado de mi existencia y había accedido a recogerme, como él lo habría hecho algún día. El señor Barbary había agendado mi pasaje en el primer viaje posible. Partiría la semana próxima, y debía entretenerme a mí misma hasta entonces.

Y lo hice. Me dejó una bolsita con mis propias monedas y compré nuevas ropas y comida que no tenía que preparar. Mi cuerpo se suavizó después de una semana en la ciudad, después de meterme a mí misma lo que fuera que quisiera con comidas relucientes, humeantes y picosas.

La noche antes de que partiera, metí mis nuevas cosas en mi nueva maleta pequeña con gran ciudado. Saqué mi muñeca de debajo de mi almohada, donde la escondía de día. Recorrí mis dedos sobre sus costuras, toqué el punto de la sangre de Hermana que marcaba su muñeca, y me pregunté qué forma tomaría mi nueva vida sin Hermana.

— ¿Por qué paga el hombre blanco por mí? —Una vez le había preguntado a Tío, después de un viaje a Calcutta para mi inspección. Las monedas tintineaban en su andar.

—Porque él cree que tienes valor. Y cuando vayas a él, lo tendrás.

Tomé esto en mi interior. — ¿Cuándo iré?

—Cuando te conviertas —dijo Tío.

— ¿Convertirme en qué?

—Tú misma.

Pero si no soy yo misma aún, ¿entonces quién soy? Pensé.

*The Retribution of Mara Dyer sale a la venta este 4 de noviembre. Recuerda que hay un concurso para ganarte los libros, puedes checar la dinámica aquí.

También puedes leer el primer, segundo y tercer capítulo.

Lee el tercer capítulo de The Retribution of Mara Dyer

Tercer libro de la saga "Mara Dyer"

¡Al parecer leeremos el libro en adelantos antes de que salga a la venta! Nah, no es cierto pero ya tenemos suficiente para poner a correr nuestra imaginación con teorías de cómo será el libro. Mientras esperamos la llegada del 4 de noviembre podemos leer los primeros capítulos de The Retribution of Mara Dyer.

CAPÍTULO 3

Hasta ese momento no había estado segura de si había estado despierta o alucinando. Pero ahora los sonidos que escuché parecían muy reales. Demasiado reales. El taconear de unos zapatos sobre un piso de linóleo. La ráfaga de aire cuando una puerta se abrió en alguna parte detrás de mi cabeza. Me miré a mí misma en el techo. Abrí mi boca y mi reflejo hizo lo mismo.

Así que estaba sola ahora, definitivamente. Podría no haber estado segura de qué era real y qué no lo era, pero sabía que no quería que Kells supiera que estaba despierta. Cerré fuertemente mis ojos.

—Buenos días, Mara —dijo secamente la doctora Kells—. Abre tus ojos.

Y ellos se abrieron, como si nada, vi a la doctora Kells al lado de mi cama y reflejada frente a mí miles de veces en el pequeño cuarto de espejos. Wayne estaba a su lado, largo, hinchado y desarreglado, mientras ella estaba esbelta, refinada y pulcra.

—¿Has estado despierta por un largo tiempo? —Me preguntó.

Mi cabeza se sacudió de lada a lado. De alguna manera, no se cómo, no se sintió como si fuera yo la que la moviera.

—Los latidos de tu corazón se elevaron hace no mucho. ¿Tuviste un mal sueño?

Como si no estuviera viviendo un mal sueño. Ella se veía realmente consternada, y no estoy segura de haber querido golpear tanto a alguien en mi vida entera.

El ansia era aguda y violenta y disfruté mientras duró. Aunque no fue mucho tiempo. Porque tan pronto como la sentí, desapareció. Se disolvió, dejándome fría y vacía.

—Dime cómo te sientes —dijo Kells.

Lo hice. No importaba que no quería decirle. No tenía elección.

—Quiero hacerte alguna pruebas. ¿Está bien?

No.

—Sí —dije.

Ella sacó una libreta pequeña de notas. Mi manuscrita estaba en el frente, mi nombre. Era mi diario, el que se suponía que yo tenía que escribir mis miedos, en Horizontes. De hace unos días. O semanas, si lo que mi reflejo había dicho era cierto.

—Te acuerdas de esto, ¿no es así, Mara?

—Sí.

—Excelente —dijo, y sonrió genuinamente. Estaba complacida de que recordara, lo que me hizo preguntar que podría haber olvidado.

—Vamos a trabajar en tus miedos juntas hoy. G1821, la condición que te está haciendo daño, ¿recuerdas?; es lo que causa tu habilidad de estallar. Factores diferentes lo inician. Pero al mismo tiempo apaga una parte diferente tuya —se detuvo, estudiando mi cara—. Remueve la barrera entre tu pensamiento consciente y tu pensamiento inconsciente. Así que para ayudarte a mejorar, Mara, quiero estar segura de que puedo pre-escribirte la cantidad adecuada de medicamento, la variante de Amytal que se te ha dado, Anemosyne es como lo llamamos. Y en orden para ver si está funcionando, vamos a detonar los miedos que escribiste en este diario. Algo así como terapia de exposición, combinado con terapia de drogas. ¿Está bien?

Jódete.

—Está bien.

Wayne abrió un estuche que había estado sosteniendo y sacó su contenido en una pequeña bandeja que había a un lado de la cama. Giré mi cabeza y miré, pero luego deseé no haberlo hecho. Escalpelos, jeringas y agujas de diferentes tamaños brillaban contra la tela negra.

—Vamos a medir tu respuesta al miedo a las agujas hoy —dijo ella, y en respuesta Wayne levantó un cilindro con tapón de plástico. Apretó el tapón entre sus dedos y lo giró. El sello de seguridad se rompió con un fuerte sonido de “snick”. Metió la aguja dentro de una larga jeringa.

—Ciertamente has visto suficientes de estas, considerando tu tiempo en los hospitales, y a juzgar por tus récords tu instinto es dar pelea cuando se te toca sin tu permiso por profesionales médicos —ella dijo, levantando sus pestañas coloreadas por un momento—. Golpeaste a una enfermera en tu primera estadía en el hospital Providence después del incidente en el asilo, en respuesta a ser tocada y sostenida a la fuerza —miró hacia abajo a una pequeña libreta de notas—. Y luego golpeaste la enfermera de la unidad del psiquiátrico cuando fuiste admitida después de tu intento de suicidio.

En ese momento dos imágenes compitieron por espacio en mi mente. La primera era nítida y clara, era yo parada sola en un muelle llevando la cuchilla brillante de un cúter a mis pálidas muñecas. En la otra imagen, borrosa y suave, el contorno de Jude detrás de mí, susurrando a mi oído, amenazándome a mí y a mi familia hasta que el cúter se metió profundo en mi piel.

Mi mente se cerró en la segunda imagen, la que tenía a Jude. No había tratado de matarme a mí misma. Jude sólo había hecho que pareciera así. Y Kells, de alguna manera, estaba haciendo que lo olvidara.

Wayne se agachó entonces y sacó algo de debajo de la cama, más allá de mi rango de visión. Se levantó sosteniendo un sistema de cuero y restricciones metálicas que se veía complicado. Grilletes en realidad. Aún no tenía miedo.

Pero entonces Kells dijo

—Sólo relájate.

Sus palabras hicieron eco en mi mente, con la voz de alguien más.

Sólo relájate.

Hubo una pequeña voltereta en mi pecho, y el monitor de al lado sonó. No lo entendía. ¿Habían sido las palabras? Una gota de sudor descendía por la frente de Wayne. Se la quitó con la manga de su brazo, luego movvió sus dedos gordos a la curva de mi codo. Mi mente se encogió y mis músculos se tensaron.

Wayne pareció sentirlo.

—¿Está segura… está segura de que está estable? —Estaba nervioso. Bien.

Kells miró mi brazo. —Mara, quiero que tu cuerpo, tus brazos y tus manos se queden quietas.

Tan pronto como las palabras dejaron su boca, mi cuerpo obedeció. Me vi a mí misma en el espejo del techo. Mi expresión era flácida.

—Cuando ves algo a lo que le tienes miedo, tu mente le dice a tu cuerpo que reacciones. Le dice a tus riñones que dejen salir adrenalina, lo que hace que los latidos de tu corazón se incrementen, y tu pulso y tus respiraciones también. Esto es para prepararte para huir o para pelear la cosa a la que tienes miedo, sin importar si ese miedo es racional. En este caso el miedo dispara tu anormalidad. Así que de lo que nos estamos asegurando es de que la medicina que hemos desarrollado para ayudarte está haciendo lo que se supone tiene que hacer. El principal objetivo, por supuesto, es la total aversión; cerrar el camino que transforma tus… —se restregó su pulgar en su labio inferior mientras buscaba palabras— Pensamientos negativos —dijo finalmente—, a la acción. El Anemosyne no previene tus pensamientos, sino las consecuencias físicas de ellos, dejándote tan inofensiva como un no-portador. Ahora dale la vuelta —le ordenó a Wayne.

Wayne tragó saliva, sus codos temblando con el movimiento cuando me tomó por los hombros y empezó a darme la vuelta. En algún momento un accesorio se había ajustado a la cama que me permitía estar recostada sobre mi estómago sin tener que girar mi cuello para el otro lado. Miré al piso, agradecida de que no tuviera espejos. Al menos no tendría que mirar.

Mis tobillos estaban amarrados. Él posicionó cada brazo para que cada uno colgara a mis lados, luego engrilletó mis muñecas juntas, como si estuviera abrazando la cama.

—Muéstrele la jeringa —la doctora Kells le dijo.

Wayne movió la aguja enfrente de mis ojos, dejándome verla desde cada ángulo. Mis latidos se aceleraron, y con eso, los sonidos del monitor.

—¿Debería de latir así su corazón? —Preguntó Wayne nerviosamente.

—Sólo un reflejo —explicó Kells—. Su cuerpo aún es capaz de responder a los reflejos, pero sus emociones, su miedo, no pueden disparar su habilidad sin importar lo que ella piense —dijo como si explicara un hecho conocido—. Consciente o inconscientemente.

Wayne levantó la parte de atrás de la bata de hospital en la que me habían vestido. No lo quería tocándome, pero no podía hacer nada al respecto.

Entonces algo rozó, se deslizó hacia mí en el suelo. Un espejo. Mostraba mi cara, la cual estaba blanca y sin rastro de sangre, y en el espejo del techo vi mi espalda expuesta. Me veía delgada. Enferma.

No quería ver lo que fuera que iban a hacerme, y que podría hacer algo. Cerré mis ojos con fuerza.

—Abre tus ojos —instigó la doctora Kells y yo lo hice. Tenía que hacerlo, y lo odiaba.

Ella ajustó el espejo y pude ver cómo Wayne tomaba una bolita de algodón de la mesa de metal que estaba a un lado de la cama y lo remojó en yodo. Me estremecí cuando lo aplicó en mi espalda.

Él se dio cuenta.

—¿Qué significa eso?

—Sólo un reflejo —respondió Kells, su voz delgada. Enojada—, al frío —le dijo a él. Luego a mí—. Si te golpeara la rodilla con un martillo, Mara, ésta daría un tirón. Es sólo tu respuesta al miedo que vamos a tratar de apagar. Si somo exitosos, serás capaz de vivir una vida normal y productiva sin obstáculos de tus miedos irracionales, y sin tener que preocuparnos de que causarás consecuencias que no intentabas causar que pudieran ser desastrosas para la gente que amas y los demás.

Vagamente recordaba que solía importarme eso.

—Vamos a extraer algo del fluido de tu espinal dorsal primero —dijo Kells y Wayne puso la aguja sobre mi piel—. Esto sólo va a doler un poco.

Cada movimiento desde ese momento en adelante fue procesado en cámara lenta. La aguja mientras Wayne la dejaba cernirse sobre mi piel a sólo unos milímetros. El sentimiento de frío hierro abriendo mi piel, primero una picadura; luego, mientras entraba más profundamente, una punzada, un dolor, una quemadura, y quería retorcerme pero no me movía, no podía moverme. Kells me dijo que viera mi cara en el espejo, y lo hice. Aún estaba flácida. Una máscara de piel escondiendo cada sentimiento. Mi mente gritaba pero mi boca se mantenía cerrada.

Hubo un poco de presión cuando la jeringa chupó fluido de mi espinal.

—Lo estás haciendo muy bien —dijo Kells, su voz sin tono—. ¿No es mejor así, Mara? No hay nada a qué temer. Es sólo una aguja y es sólo dolor. El dolor sólo es un sentimiento, y los sentimientos no son reales.

Después de lo que se sintió como horas Wayne sacó la aguja, y la presión se detuvo pero el dolor no lo hizo. Algo frío y mojado resbalaba por mi piel antes de que Wayne apretara una pieza de gaza para absorberlo. Mi respiración era profunda y regular. No jadeé, no vomité. Pensé que esos eran reflejos. Supongo que no.

Wayne limpió mi espalda, quitó los grilletes de mis muñecas, desamarró las correas de mis pies, y gentilmente, en una manera que hacía que mi mente se enfermara, me dio la vuelta sobre mi espalda.

—Sé que eso no fue placentero para ti, Mara —comentó Kells—. Pero a pesar de tu incomodidad, ha sido una prueba exitosa. Lo que la droga te permite haacer ahora mismo es separar tus reacciones mentales de tus reacciones físicas. El efecto secundario, sin embargo, es algo también emocionante —ella no sonaba emocionada.

—Estoy segura de que querías reaccionar durante el proceso. Estoy segura de que querías gritar y probablemente llorar. Pero gracias a la droga, tus reflejos físicos se mantienen intactos pero son separados de tus emociones. En otras palabras, con Anemosyne, si alguien corta cebollas cerca de ti, o si una pestaña se mete a tu ojo, aún vas a sacar algunas lágrimas por el estímulo. Tus ojos tratarán de sacar el irritante. Pero ya no llorarás de miedo, o por tristeza o frustración. Se cortará esa conexión para prevenir que pierdas el control —se cernió sobre mí—. Sé que es una sensación extraña para ti ahora, pero te adaptarás. Y el beneficio para ti y para otros será enorme. Una vez hallamos establecido la dosis apropiada para ti, sólo necesitaremos estimular tus infusiones cada pocos meses. Eventualmente podrás ir con tu familia, venir a terapia conmigo, y tener la vida normal que quisiste, mientras esta droga sigue funcionando — ella bajó su mano para aplanar mi cabello en lo que supuse fue un gesto maternal, y sentí la urgencia de morderla.

—Vamos a darte otra droga ahora para que no recuerdes los malos momentos de hoy. ¿No va a ser eso bueno? —Una sonrisa serpenteó por sus labios, pero luego sus cejas se unieron—. Wayne, ¿cuál es la temperatura actual de la habitación?

Wayne se movió a la izquierda, presionó un botón en la pared con espejo con su pulgar. Números aparecieron en el vidrio. Sofisticado.

—Setenta grados (Fahrenheit, 21 en grados Celsius)

Kells puso la parte trasera de su mano en mi frente.

—Está caliente y sudando —se secó la mano en la sábana.

—¿Es eso… normal?

—Es atípico —dijo Kells—. Ella no había reaccionado así a ninguna de las pruebas anteriores.

¿Pruebas anteriores? ¿Cuántas habían hecho?

Kells sacó una pluma con luz de su bolsillo y me dijo —No te muevas.

No me moví. Ella hizo encender la luz sobre mis ojos; quería cerrarlos pero noo podía.

—Sus pupilas están dilatadas. No lo entiendo. El procedimiento ha terminado —su voz titubeó un poco—. Wayne, el Amylethe, ¿por favor?

Él sacó algo del estuche negro. Otra aguja. Pero debía haber estado sudando también, porque lo dejó caer. Cayó al suelo y rodó.

—Cristo —murmuró Kells bajo su aliento.

—Lo siento, lo siento —iba a coger una nueva jeringa pero se detuvo cuando el monitor hizo un sonido.

Kells miró hacia ahí.

—La presión de su sangre está cayendo. Está teniendo alguna clase de reacción. ¿Podría ser más lento?

Nunca la había escuchado sonar algo menos a completamente compuesta. Pero mirándola ahora su cuerpo estaba tenso. Los tendones en su cuello estaban sobresalidos. Quizás estaba imaginándolo pero podía casi oler el olor de su miedo.

Estaba aterrorizada. ¿De mí? ¿Por mí? No lo sabía, pero me gustaba.

Wayne apretó su mandíbula y abrió el tapón de la jeringa. Trató a agarrar mi brazo y apuñaló mi hombro con la aguja.

Mi visión nadó y mi cabeza se espesó.

—Llévala al cuarto de análisis —fue lo último que escuché antes de que todo se pusiera negro.

¿Ideas? Recuerda que sólo faltan 16 días para la publicación del libro en inglés.

Por si quieres leer el capítulo en inglés, puedes hacerlo aquí:

Puedes también leer el primer capítulo y el segundo capítulo aquí en el blog 😀

Lee el segundo capítulo de The Retribution of Mara Dyer

The Retribution of Mara Dyer¿Ha sido el título suficiente para llamar tu atención? ¡Pues es cierto! El pasado 10 de Octubre MTV reveló el segundo capítulo de The Retribution of Mara Dyer en inglés y por eso mismo ahora te lo traigo en español por si se te dificulta leer en otro idioma. ¿Emocionado por leer el final de esta historia? ¡Recuerda que el tercer libro sale en dos semanas!

¿Estás entusiasmado? ¿Estás preparado? Entonces continúa leyendo el adelanto exclusivo del segundo capítulo a continuación.

CAPÍTULO 2

El primer rostro que vi cuando abrí mis ojos fue la mía propia.

La pared de frente a la cama de hierro tenía espejos. Como también lo estaban las paredes a mi izquierda y derecha, había cinco espejos o tal vez eran seis. No olía nada, escuchaba nada ni veía nada más que a mí misma.

Durante los pasados meses no había pasado mucho tiempo viéndome en espejos por mis propias razones. Ahora que se me forzaba a verme no podía creer que la chica a la que estaba viendo fuera yo. Mi cabello oscuro y grueso estaba dividido a la mitad, y colgaba flojo y soso sobre mis hombros. Mis labios estaban casi del mismo color que mi piel, como decir, blancos. Habían ángulos en mi rostro que nunca antes había visto. O tal vez no habían existido antes. Me veía como un fantasma, un cascarón, una extraña. Si mis padres me vieran nunca sabrían quién era.

Pero ellos nunca me veían. Ese era parte del problema. Eso era por lo que estaba aquí.

—Sí, nos vemos como la mierda —dijo una voz.

Dijo mi voz.

Pero yo no había hablado. Mis labios no se habían movido.

Me levanté de un brinco, mirando a mis infinitas reflexiones. Ellas me miraban, viéndose miedosas y precavidas al mismo tiempo.

—Aquí arriba.

La voz venía de arriba. Doblé mi cuello, el techo también tenía espejos. Vi mi reflejo en el espejo pero ésta, esta reflexión en específico, me sonreía. Incluso aunque yo no estaba sonriendo.

Así que, finalmente me había perdido.

—No aún —dijo mi reflejo, parecía entretenida—. Pero estás cerca.

— ¿Qué… qué es esto? —¿Una alucinación?

—No soy una alucinación —dijo mi reflejo—. Adivina de nuevo.

Bajé mi mirada por un momento, viendo alrededor del cuarto. Cada reflejo se daba la vuelta cuando yo lo hacía. Dios, esperaba estar soñando.

Miré de nuevo hacia arriba a mi reflejo. La chica en el espejo (supongo que era yo) ladeó su cabeza ligeramente hacia la izquierda.

—No lo estás. Estás en esa clase de espacio casi inconsciente. Lo cual debería hacerte sentir mejor sobre tu cordura.

Marginalmente.

—También deberías saber que hay sensores monitoreando nuestro pulso y latidos, así que sería mejor para ambas si te recostaras.

Moví mi cabeza buscando los monitores pero no vi ninguno. Escuché a la chica de todas maneras.

—Gracias —contestó—. Ese chico Wayne entra a examinarnos cuando nuestro ritmo cardíaco se eleva, y él realmente nos repulsa.

Sacudí mi cabeza, la funda de la almohada arrugándose con el movimiento. —No digas “nos”. Eso me asusta.

—Lo siento pero somos nossotras. Yo soy tú —dijo mi reflejo levantando una ceja—. Tampoco soy tu más grande fan por si no lo sabes.

He tenido sueños extraños. He tenido alucinaciones raras. Pero raro no empezaba a describir esto, lo que fuera que esto fuese. —Así que… ¿qué eres? Mi… ¿mi subconsciente o algo así?

—No puedes hablar con tu subconsciente. Eso es estúpido. Es más como, soy la parte de ti que está al tanto de las cosas incluso cuando tu no sabes que lo estás. Ella nos ha estado dando un montón de drogas, un montón de drogas, y ha apagado nuestro, lo siento, tu consciencia en algunas formas y realzado otras.

—¿”Ella” siendo…?

—La doctora Kells.

La máquina de al lado mío hizo un pitido fuerte cuando mi ritmo cardíaco se incrementó. Cerré los ojos, y una imagen de la doctora Kells se levantó en la oscuridad, acechante sobre mí, tan cerca que podía ver pequeñas rupturas en las gruesas capas de lápiz labial. Abrí mis ojos para hacer que se fuera y me ví a mí misma en su lugar.

—¿Por cuánto tiempo he estado aquí? —pregunté en voz alta.

—Trece días —respondió la chica en el espejo.

Trece días. Ese era el tiempo que había sido prisionera de mi propio cuerpo, respondiendo preguntas a las que no quería responder y haciendo cosas que no quería hacer. Cada pensamiento y recuerdo estaba borroso, como si hubieran sido sofocados por algodón; yo, encerrada en lo que parecía el cuarto de un niño, dibujando una y otra vez una imagen de lo que solía ser mi rostro. Yo, extendiendo mi brazo obedientemente mientras Wayne, el asistente de la doctora Kells en tortura terapéutica, me sacaba sangre. Y yo, el primer día que desperté aquí, sostenida cautiva por las drogas y forzada a escuchar palabras que cambiaran mi vida.

—Has sido una participante en un estudio a ciegas, Mara.

Un experimento.

—Las razones por las que has sido seleccionada para este estudio son porque tienes una condición.

Porque soy diferente.

—Tu condición le ha causado dolor a la gente que amas.

Los he matado.

—Tratamos fuertemente de salvar a todos tus amigos… sólo no pudimos alcanzar a Noah Shaw.

Pero yo no he matado a Noah. No podría haberle matado.

—¿Dónde están? —le pregunté a mi reflejo. Ella parecía confusa, luego miró al espejo a mi derecha. Un sólo espejo normal, pensé, pero luego el vidrio se puso negro.

Una imagen de una niña, o de algo que una vez había sido una niña, se materializó en la negrura. Estaba arrodillada en una alfombra, su oscuro cabello caía sobre sus hombros desnudos cuando se inclinó sobre algo que no alcanzaba a ver. Su piel brillaba bronce, y sombre brincaban sobre su rostro. Ella estaba borrosa e indistinta, como si alguien hubiera lanzado un vaso de agua sobre una pintura de ella y los colores hubieran empezado a desvanecerse. Y entonces la chica levantó su barbilla y me miró directamente.

Era Rachel.

—Es sólo un juego, Mara — su voz estaba rasposa. Distorsionada. Cuando abrió su boca de nuevo, el único sonido que salió fue estática. Su sonrisa sólo una mancha blanca.

—¿Qué está mal con ella? —susurré, mirando la imagen parpadeante de Rachel en el vidrio.

—Nada está mal con ella. Quiero decir, además del hecho de que está muerta. Pero hay algo mal con tus recuerdos de ella. Eso es lo que estás viendo, tus recuerdos.

—¿Por qué se ve como —ni siquiera sabía cómo describirla— de esa manera?

—¿Lo parpadeante? Creo que son las velas. Nosotras tres las encendimos antes de sacar el tablero de Ouija. ¿No me digas que te has olvidado de eso?

—No, quiero decir, ella, ella se ve distorsionada —los brazos de Rachel se movieron frente a ella, pero sus manos estaban metidas en sombras y no podía ver lo que hacía. Entonces levantó una hacia su nariz. Su brazo terminaba en su muñeca.

La chica del espejo se encogió de hombros. —No lo sé. No todos tus recuerdos so como este. Mira a la izquierda.

Lo hice, esperando que el nuevo espejo al que miraba se pusiera negro también. No lo hizo, no en un inicio. Miré mi reflejo mientras las puntas de mi cabello se corrían de café oscuro a rojo, hasta que era totalmente rojo en las raíces. Mi cara se rellenó y se hizo redonda, y los ojos que me miraban desde el espejo eran los de Claire.

Claire se sentó y su imagen se partió, separada de la mía. Ella salió caminando de la bata blanca de hospital que yo vestía, y negros hilos se tejían alrededor de su pálido y pecoso cuerpo hasta que estuvo vestida con los jeans negros y el abultado abrigo que había estado usando la noche que fuimos al psiquiátrico. La luz brillante en el cuarto de espejos parpadeó y desapareció. Raíces rompieron el suelo de conreto debajo de mi cama. Creciendo en árboles que tocaban el cierlo.

Claire miró sobre su hombro hacia mí. —Oh Dios. Ya está asustada.

Cuando Claire habló, su voz era normal. No estaba borrosa, y no titilaba o se deformaba. Estaba completa.

—Tampoco sé lo que significa —el reflejo encima de mí dijo—. Jude es igual.

Mi boca se secó al sonido de su nombre. Subí mi mirada y seguí la suya a la pared con espejo a mi derecha; Jude apareció ahí. Lo vi parado en el centro de un jardín Zen recién cortado, con gente reunida, encorvada esparcida a su alrededor como rocas. Jamie y Stella estaban por sobre ellos. Él sostenía a Estella por su brillante cabellera negra. Podía ver las venas en sus manos, los poros de su piel. Cada rasgo, cada detalle de él estaba claro. Nítido. Sentí un destello de rabia.

—No lo hagas —dijo mi reflejo—. Nos despertarás.

—¿Y qué? —dije—. No quiero ver esto —. No quería volver a verlo nunca. Pero cuando miré de nuevo, había una imagen diferente de él en el espejo. Había sido empujado contra una pared blanca, una mano apretando su garganta. La mano me pertenecía.

Miré arriba al techo y a la chica en él. No quería recordar Horizontes, o lo que me había pasado desde entonces. Miré abajo a mis muñecas, a mis tobillos. Sin restricciones. —Sólo dime cómo salir.

—Ellos no necesitan restricciones para mantenernos encadenadas —dijo ella—. Las drogas lo hacen por ellos. Nos hacen dóciles. Obedientes. Pero ellos también nos están cambiando, creo. Todavía no spe cómo, pero tiene que significar algo el que tus recuerdos de Rachel estén rotos pero tus memorias de Claire y Jude no lo están.

—¿Qué hay de mis hermanos? ¿Mis padres? —Y Noah, pensé pero no lo dije.

Mientras hablaba, imágenes de cada uno de ellos llenaba los espejos alrededor mío. Joseph estaba vestido con un traje con un bolsillo cuadrado, rodándole los ojos a alguien. Daniel se reía en su carro, haciéndome una cara desde detrás del volante. La imagen de mi madre la mostraba sentada en su cama, su laptop en su regazo, su rostro retraído y preocupado. Mi padre estaba sentado en su cama de hospital, comiendo un pedazo de pizza contrabandeado. Y Noah…

Los ojos de Noah estaban cerrados, pero respiraba. Dormido. Una de sus manos estaba cerrada en un puño semi cerrado por su cara, y su camiseta, la que tenía hoyos, estaba retorcida, exponiendo una pequeña parte de piel sobre sus boxers. Así era como se veía la mañana después de que le contara lo que estaba mal conmigo. Después de que descubrimos lo que estaba mal con nosotros.

No podía dejar de mirarlos, las personas a las que amaba, sonriendo y hablando y viviendo detrás de páneles plateados de vidrio. Pero mientras o hacía, me di cuenta de que algo no estaba bien. Miré de cerca a Noah. Estaba dormido, no se movía, lo que hizo finalmente más fácil el verlo para mí. Sus bordes estaban desteñidos. Borrosos. Miré de vuelta a las imágenes de mis padres, mis hermanos. Sus bordes estaban suaves también.

—Los estamos perdiendo, creo —dijo la chica—. No sé por qué, pero creo que Kells lo hace, y pienso que lo hace a propósito.

Sólo la escuchaba a medias. No podía dejar de mirar los espejos.

—No voy a volver a verlos, ¿verdad? —No era una pregunta.

—Mis fuentes dicen que no.

—Sabes —le dije—, eres una desgraciada.

—Bueno, eso explicaría por qué somos tan populares. Hablando de eso, Jamie y Stella también están aquí. En caso de que tuvieras curiosidad.

— ¿Los has visto?

Negó con su cabeza. —Pero Wayne mencionó a “Roth” una vez, y “Benicia” dos veces, a Kells. Y él habló de ellos en tiempo presente.

Me agrandé con alivio. Mi garganta se cerró y dolió y sentí como si fuera a llorar, pero las láfrimas no llegaron. —¿Qué hay de Noah? —la pregunta salió antes de que pudiera pensar si quería saber la respuesta.

La chica entendió. —Kells lo mencionó una vez.

Pero mi pregunta no había sido respondida. Y ahora tenía que saber. —Dime lo que ella dijo.

—Ella dijo —la chica no terminó su frase. Algo siseó e hizo click detrás de mí, y ella se puso tensa.

—¿Qué? —Pregunté—. ¿Qué dijo ella?

No me respondió. Cuando volvió a hablar, su voz temblaba. —Están aquí —dijo la chica y después se había ido.

“The Retribution of Mara Dyer” sale a la venta el 4 de noviembre. Amazon procurará hacer los envíos lo antes posible pero las fechas de entrega varían del 6 al 30 de noviembre.

También puedes leer el primer capítulo y el tercer capítulo traducidos a español 😀

The Retribution of Mara Dyer sale a la venta en un mes (Adelanto + Giveaway)

The Retribution of Mara Dyer sale tan sólo unos días después de Halloween/Día de muertos. Y como Michelle Hodkin había prometido, nos tiene un adelanto pero con una sorpresa. ¡Sólo si prometemos vestirnos como Mara para día de brujas!

Para asegurar esa promesa, Michelle Hodkin va a regalar tres (sí, ¡tres!) ediciones de pasta dura personalizadas del set de la trilogía de Mara Dyer. Si te disfrazas como Mara Dyer en Halloween, y subes la imagen a twitter/tumblr/instagram con una foto tuya con el hashtag #whoismaradyer para asegurarte de que Michelle la vea, se te asignará un número y podrás entrar al concurso para ganar uno de los tres sets. No podría ser más fácil.

Y ahora, para saber cómo disfrazarte (y el adelanto):

Tomé sus llaves y su pistola cuando terminé. Antes de irme, miré a mi reflexión en el oscurecido espejo partido. La estúpida camisa de WELCOME TO THE SUNSHINE STATE estaba manchada y empapada de la sangre de __________, como también lo estaba mi piel. Se metía debajo de mis uñas, en mi cabello. Salpicaba mi rostro.

*Nota: Mara también está vistiendo unos boxers de I ♥ FLORIDA en esta escena. Y agarrando un escalpelo. Pero para el concurso con una playera empapada de sangre de WELCOME TO THE SUNSHINE STATE bastará.

*También, ¡este giveaway es internacional!

😉

Todos los adelantos de The Retribution of Mara Dyer (SPOILERS)

La leyenda cuenta que en el mes de Junio se prometió hacer una lista de todos los adelantos que se han dado a conocer en estos 22 meses que llevamos de espera por el tercer y último libro de la saga. Pues ahora la leyenda se hace realidad, al fin les traigo la lista completa de fragmentos y adelantos.
Por supuesto que en el listado vienen spoilers, quiero decir, nadie hemos leído el libro pero nos gusta sufrir y por eso hacemos esto, así que si lees será bajo tu propia responsabilidad.

Sin más que decir, ¡disfruten!

PD. Si encuentras alguno que no está en esta lista, te agradecería si envías un mensaje o dejas un comentario con la info para agregarlo. 😉

2 de enero de 2013  – Primera frase escrita en el 2013 de Retribution

“Do not find peace. Find passion.”
“No encuentres la paz. Encuentra pasión.”

5 de Julio de 2013 – adelanto de Retribution

(http://www.michellehodkin.com/2013/05/retribution-sneak-peek.html)

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24 de septiembre de 2013   – Death, kids, and books.

Lo primero que descubrí al despertarme era que estaba cubierta de sangre.

La segunda cosa que descubrí era que esto no me molestaba de la manera en que debería hacerlo.

No sentía la necesidad de gritar o hablar, rogar por ayuda, o al menos preguntarme dónde estaba. Esos instintos estaban muertos, y yo estaba calmada mientras deslizaba mis dedos mojados por la pared de mosaicos, toqueteando por un encendedor de luz. Encontré uno sin tener que levantarme. Cuatro luces se encendieron encima de mí, una tras otra, iluminando el cadáver en el piso alejado a sólo unos pies.

Mi mente procesó los hechos primero. Hombre. Pesado. Recostado boca abajo sobre un gran charco rojo que se agrandaba desde debajo de él. Las puntas de su cabello negro rizado estaban mojadas con eso. Había algo en su mano.

Las luces fluorescentes en la habitación blanca parpadearon, zumbaron y resonaron. Me moví para tener una mejor vista del cuerpo. Sus ojos estaban cerrados. Podría haber estado durmiendo, en serio, si no fuera por la sangre. Había demasiada. Y por una de sus manos estaba manchada con un patrón raro.

No. No era un patrón. Palabras.

ENCIÉNDEME.

Mi mirada se movió a su mano. Su puño estab cerrado alrededor de un pequeño grabador. Moví mis dedos, aún calientes, y apreté el botón de play. Una voz de hombre empezó a hablar.

―¿Tengo tu atención? ―dijo la voz.

Conocía esa voz. Pero no podía creer que la estuviera escuchando.

29 de octubre de 2013  – Yo les doy un adelanto, ustedes lo comparten?

Entraba y salía de la consciencia mientras el tiempo se estrechaba y fluía a mi alrededor. Los sueños y la realidad se confundían, pero prefería los sueños. Noah estaba en ellos.

Soñaba sobre nosotros, caminando mano en mano por una calle repleta en medio del día. Estábamos en New York. No tenía ninguna prisa, podría caminar con él por siempre, pero Noah sí. Me jaló consigo, fuerte y determinado y sin sonreír. Hoy no.

Nos tejíamos entre la gente, de alguna manera sin tocar a nadie. Los árboles eran verdes y floridos. Era primavera, casi verano. Un fuerte viento sacudió unas pocas flores firmes de las ramas y las mandó a nuestro camino. Las ignoramos.

Noah me dirigió a Central Park. Estaba pululante con vida humana. Mantas de colores brillantes aparecían atravesando el pasto, las pálidas, alargadas formas de la gente contorsionándose sobre ellas como gusanos en una fruta. Pasamos la presa, el sol reflejándose de su superficie, y entonces la multitud empezó a espesarse.

Se amontonaban como en un embudo mientras subíamos una colina, por encima y a través. Hasta que pudimos verlos a todos debajo de nosotros, enojados y eléctricos. Noah abrió su bolsa. Sacó la pequeña muñeca de trapo, la de mi abuela. La que habíamos quemado.

11 de diciembre de 2013 – Un regalo para ti, un regalo para ellos.

From: vague@proxymail.com
Date: Tuesday, April 30 4:51 p.m.
To: maradyer@gmail.com
Subject: (no subject)
Attachment: I_Have_What_You_Want.JPG (596KB)

De: vago@proxymail.com
Fecha: Martes, 30 de Abril 4:51 p.m.
Para: maradyer@gmail.com
Asunto: (sin aunto)
Adjunto: Tengo_Lo_Que_Quieres.JPG (596KB)

21 de diciembre de 2013 – ¡Feliz cumpleaños Noah!

Ella puso las jeringas en una mesa de metal que estaba al lado de la camilla. Una serie de cabinetes de apariencia extraña estaban detrás de ella; me tomó unos pocos segundos darme cuenta de lo que eran, y dónde estaba.

El cuarto era una morgue.

24 de diciembre de 2013 – De mí para ustedes

Logré bajar el cierre de su mochila y esculcar en ella, pero apenas podía diferenciar una pieza de ropa de la otra. Me mordí mi labio, apreté mi mandíbula para mantenerme concentrada, para mantenerme aquí. Mientras lo hacía, mis dedos se cerraron alrededor de algo en su mochila. No eran ropas. Era metal. Lo saqué.

Mi mano se enfocó, y también lo hizo la cosa dentro de ella. Una navaja recta. La navaja de Noah. Recordé haberle preguntado una vez por qué la usaba. Él había dicho que era la más afilada.

29 de mayo de 2014 – “You become responsible, forever, for what you have tamed.” “Te vuelves responsable, por siempre, de lo que has domesticado.”

(Escena eliminada, no es una escena desde el punto de vista de nadie)

Un pequeño príncipe
Cayó desde el cielo a un desierto
Un marino naufrago en un océano de arena.
Estaba perdido, y vivía su vida solo.
Hasta que un día, ella cayó de sus pensamientos.
Él estaba roto en pedazos, y ella se abrió paso.
―Ven y juega conmigo ―propuso el pequeño príncipe―. Soy tan infeliz.
―No estoy domesticada ―ella dijo.
―¿Qué significa eso? ¿domesticar?
―Para mí ―ella dijo―, aún no eres nada más que un pequeño niño que es como miles de otros niños pequeños. Y no tengo necesidad de ti. Mas tú, por tu parte, no tienes necesidad de mí. Pero si me domesticas, entonces podremos necesitarnos el uno del otro. Pero tú te volverás responsable, por siempre, de lo que habrás domesticado.
Ellos se domesticaron el uno al otro.
Ella se volvió única para él en todo el mundo.
Una criatura que duerme en el corazón de su oscuridad.
La única de su tipo.
Él se enterró a sí mismo en la contemplación de su tesoro,
tomando placer de la miseria de ella.
Él era demasiado joven para saber cómo amarla, ellos decían.
Pero esas palabras sólo le creaban compasión.
―Y como aún no eres nada ―él pensó―. Nadie te ha domesticado, y no has domesticado a nadie. Estás vacía.
Ella lo llevó más lejos de lo que ninguna nave pudiera llevarlo.
Ella brilla por todo su ser, aún cuando él duerme.
Él ardía por ella lentamente. Continuamente.
Como si ella le diera vida a su estrella.
Pero ella se adelantó a un abismo del cuál él no pudo hacer nada para sujertarla.
―No puedo llevar este cuerpo conmigo ―ella dijo―. Déjame ir sola.
―No puedo abandonarte ―él respondió.
Pero ella calló. Y en un momento,
Todas sus estrellas se oscurecieron.
―Puedes ser un gran príncipe ahora ―ellos le dijeron―. Un rey.
Pero el pequeño príncipe se puso blanco de furia.
Él la tomó en sus brazos, y puso los de ella alrededor de su cuello.
Él sintió su corazón latir como el de un pájaro a punto de morir, disparado por el rifle de alguien.
―No voy a abandonarla.
Él la cuidó, vencido de tristeza.
Uno corre el riesgo de llorar un poco, si uno se deja ser domesticado.
Ella apareció en la Tierra, y desapareció.
Si la ves, por favor avisa que ha vuelto.

30 de mayo de 2014 – Para ustedes, un adelanto.

Hay poder en un nombre, Hermana había dicho. No quería dar a conocer el que había compartido sólo con ella y Tío, así que le di a todos los demás que preguntaran, uno diferente. El nombre que le había dado a mi muñeca, antes de que supiera lo que significaba.

30 de Junio de 2014 – Film stuff and pre-orders and touring and a teaser: Your questions, answered. (Kind of)

La imagen de una niña, o de algo que una vez había sido una niña, se materializó de la oscuridad. Estaba arrodillada en una alfombra, su negro cabello caía sobre sus hombros desnudos mientras se inclinaba sobre algo que yo no podía ver. Su piel brillaba de color bronce y sombras parpadeaban sobre su rostro; ella era borrosa e indistinta, como si alguien hubiera derramado un vaso con agua sobre un pintura de ella y los colores se hubieran empezado a correr. Y entonces laniña levantó la barbilla y miró directamente hacia mí.

13 de julio de 2014 – Para ustedes, de mí.

Sabía cómo me veía mientras caminaba calmadamente de regreso a la camioneta. Jamie y Stella ya iban de regreso a buscarme.
―Fuck (Mierda) ―dijo Jamie cuando me vio. Eso lo resumía todo.

20 de agosto de 2014, Desde la newsletter de Michelle Hodkin.

Mis dedos se trabaron en algo más cuando los sacaba. Era su playera, la blanca con hoyos. Llené mis manos con la tela y la traje a mi rostro.

Encontré el más básico, ligero aroma de él, jabón y sándalo y humo, y en ese momento, no sentí pérdida si no necesidad. Noah estaba allí para mí cuando no tenía a nadie más. Él creía en mí cuando nadie más lo hacía. No puede haberse ido, pensé, pero mi garganta empezó a doler y mi pecho empezó a endurecerse y yo me hice bola en la cama, con las rodillas en el pecho, la cabeza en las rodillas, esperando por las lágrimas que nunca llegaron y el sueño que sí lo hizo.

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De las nuevas copias firmadas de los libros de The Unbecoming y The Evolution.

#1
Vomité de nuevo.
―Necesitas saber, Mara. De una manera o de otra.
―Oh Dios ―gemí.

#2
Siento algo, lo siento.
Quiero algo, lo tomo.

#3
Había pensado en esto. Fantaseado sobre esto. Muchas, muchas veces. Garantizado, la mayoría de las veces habían sido antes de ser institucionalizada y hubieran experimentado en mí, antes de que necesitara ayuda para que me cambiaran y bañaran. Me miré a mí misma en el espejo, preguntándome quién me devolvería la mirada.

#4
Miré hacia la videocámara y centré mi mirada. Después levanté mi mano y le di el dedo de en medio.

―Pensé que ibas a darle el saludo del Distrito Doce ―dijo Jamie.

#5
La lengua aún estaba en medio de las sillas, donde ella la había dejado caer. Nadie lo mencionó de nuevo.

#6
―¿Cómo se supone que vamos a entrar?
Stella pateó la persiana de metal.
―¡Tonta descerebrada! ―Jamie siseó entre dientes―. Si alguien está aquí, probablemente escuchó eso.

#7
Algo dentro de mí era diferente.
Algo dentro de mí.
Algo dentro de mí.
Mi manó voló casi por su propia cuenta hacia mi estómago..

 

#8
―¿Te sientes mejor? ―él preguntó.
―Sí ―dije radiantemente mientras un hilo de sangre corría hacia abajo por mi estómago.
―Mucho.

#9
La bata de papel del hospital tenía una costra de sangre, arena y suciedad.

#10
No puedes ser arreglada. No puedes ser salvada.

#11
¿Qué es un poco de fiebre hemorrágica entre amigos?


#12
Ten cuidado con lo que deseas.

#13
La voz estaba amortiguada, distorcionada. Venía de una criatura con enormes y oscuros ojos vacíos y miles de hoyos en su hocico.

#14
Un ángel se sentó en un hombro, un demonio en el otro. Ambos tenían mi cara.

#15
Ella estiró el abrazo para alisar mi cabello en lo que supuse estaba destinado a ser un gesto maternal, y yo sentí la urgencia de morderla.

#16
Las líneas en la pieza de papel empezaron a moverse, arreglándose a sí mismas, en una forma que sugería mi rostro.

#17
Podía mentirles a ellos, pero no podía mentirme a mí misma. Se sentía como un adiós.

#18
No era realmente él, lo sabía. Sus bordes eran suaves, el color de su piel y su cabello apagados. Su voz era lejana.

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19 de agosto de 2014 – de la página usatoday.com

1er capítulo de The Retribution of Mara Dyer (en español).

1

THE EXAMINATION OF MARA DYER WAS TAKEN ON [redacted] at the Horizons Residential Treatment Center for Behavioral Health. 31821 No Name Island, Florida. Video transcript time: 2:13 p.m.

Examination by: Dr. Deborah Kells

Also present: Mr. [redacted]

By KELLS: Hello, Mara. My name is Deborah Kells, and this is Mr. ____. We’re here because your family says that you have agreed to residential treatment at the Horizons Residential Treatment Center for Behavioral Health on No Name Island, Florida, just off No Name Key. Is that correct?

[Silence]

KELLS to Mr. ____: How much Amytal did you give her?

Mr. ____: Forty ccs.

KELLS: Anemosyne?

Mr. ____: One hundred micrograms.

KELLS: And the midazolam?

Mr. ____: Fifty milligrams. Same as the others. She won’t remember any of this.

KELLS: God, she’s like a zombie. Mara, Mara—are you awake? Do you understand me?

Mara Dyer: … Yes.

KELLS: Great. Thank you. Is it correct that you agreed to being treated here?

Mara Dyer: Yes.

KELLS: Thank you. Now, if at anytime you don’t understand what I’m asking you, just let me know and I’ll try to make it clearer, okay?

Mara: Okay.

KELLS: Now, you’ll notice that there’s a video camera in the room here with us. We want to record this just so we have a record. Is that okay with you?

Mara: Yes.

KELLS: Excellent. Okay, Mara. Let’s start with the basics. What is your full name?

Mara: Mara Amitra Dyer.

KELLS: And how old are you?

Mara: Seventeen.

KELLS: Where were you born?

Mara: Laurelton.

KELLS: Where is that?

Mara: Outside Providence.

KELLS: Rhode Island?

Mara: Yes.

KELLS: Thank you. Can you tell me a little about why you’re here?

[Silence]

KELLS: She’s struggling with the open-ended questions. Can we counteract the Anemosyne?

Mr. ___: She might not be as cooperative.

KELLS: Well, she’s not exactly cooperative now, is she?

Mr. ___: I’ll have to do it intravenously—

KELLS: Obviously. Just—

Mara: I hurt people.

Mr. ___: Do you still want me to adjust—

KELLS: No, let’s see where she goes. Mara, who did you hurt?

Mara: My teacher.

KELLS: What was her name?

Mara: Morales.

Mr. ___: Her file says that her teacher, Christina Morales, died of anaphylactic shock in reaction to fire ant bites on [date redacted].

KELLS: Let me see.

Mara: Also a … a man. He hurt a dog. I—I—

KELLS: It’s okay. Take your time. Just tell us what you remember.

Mara: Rachel.

Mr. ___: Rachel Watson, deceased, died Wednesday [date redacted] in Laurelton. Remains discovered at six a.m. with those of—

Mara: Claire.

Mr. ____: Claire Lowe, yes, as well as her brother, Jude Lowe—

Mara: Noah.

Mr.____: Noah Shaw? I don’t—

KELLS: Quiet.

Mr.___: Sorry—whoa. Did you see that? She just—

KELLS: What else is she on?

Mr. ____: The hundred milligrams of Zyprexa, as prescribed prior to intake. It shouldn’t interfere.

Mara: [speech unclear]

KELLS: What did she say?

Mr. ____: I don’t know. Jesus, look—

KELLS: Is she on anything else?

Mr. ___: I don’t—

KELLS: Is she on anything else?

Mr. ___: No. No.

KELLS: Does she have a history of epilepsy?

Mr. ___: I don’t think so.

KELLS: Well, do you think or do you know?

Mr. ____: No— Jesus Christ. Is that a seizure? Is she seizing?

KELLS: Turn off the camera.

Mara: [speech unclear]

KELLS: What did you say, Mara?

Mr. ____: I’m going to call—

KELLS: Don’t call anyone. Turn off the camera. What, Mara?

Mara: [speech unclear]

Mr. ____: Did she just say our names? Did she just say—

KELLS: TURN OFF THE CAMERA.

Mr. ____: Oh, God—

[End video examination, 2:21 p.m.]

 

Una mirada a lo que viene en The Retribution of Mara Dyer.

¡Hoy es un buen día! Estamos a dos meses de poder al fin leer el último libro de la trilogía de Mara Dyer. ¿Emocionados? ¿Aterrados? ¿¡Desesperados!? Y la razón de que hoy sea un buen día es que ¡tenemos parte del primer capítulo del libro!

Gracias a USA TODAY tenemos este adelanto del primer capítulo, y por supuesto que lo tenemos en español para que todos puedan leerlo:

Así inicia el capítulo:

1

EL ANÁLISIS DE MARA DYER FUE REALIZADO EL [censurado] en el Centro de Tratamiento Residencial Horizontes para la Salud de Comportamiento. Isla Sin Nombre #31821, Florida. Hora de transcripción del video: 2:13 p.m.

Annálisis por: Dr. Deborah Kells

También presente: Sr. [censurado]

Por KELLS: Hola, Mara. Mi nombre es Deborah Kells, y este es el señor ____. Estamos aquí porque tu familia dice que has aceptado el tratamiento residencial en el Centro de Tratamiento Residencial Horizontes para la Salud de Comportamiento en la Isla Sin Nombre, Florida, cerca de Llave Sin Nombre. ¿Es correcto?

[Silencio]

KELLS al Sr. ____: ¿Cuánto amobarbital le ha dado?

Sr. ____: Cuarenta centímetros cúbicos.

KELLS: Anemosyne?

Sr. ____: Cien microgramos.

KELLS: ¿Y de midazolam*?

Sr. ____: Ciencuenta miligramos. Igual que a los otros. No recordará nada de esto.

KELLS: Dios, es como una zombi. Mara, Mara, ¿estás despierta? ¿Me entiendes?

Mara Dyer: . . .Sí.

KELLS: Genial. Gracias. ¿Es correcto que aceptaste ser tratada aquí?

Mara Dyer: Sí.

KELLS: Gracias. Ahora, si en algún momento no entiendes lo que te estoy preguntando, sólo me lo dices y trataré de preguntar más claramente, ¿está bien?

Mara: Está bien.

KELLS: Ahora, te darás cuenta de que hay una cámara de video en la habitación con nosotros. Queremos grabar esto para tener un registro. ¿Estás bien con eso?

Mara: Sí.

KELLS: Excelente. Bien, Mara. Empecemos con lo básico. ¿Cuál es tu nombre completo?

Mara: Mara Amitra Dyer.

KELLS: ¿Y cuántos años tienes?

Mara: Diecisiete.

KELLS: ¿Dónde naciste?

Mara: Laurelton.

KELLS: ¿Dónde queda eso?

Mara: Afuera de Providence.

KELLS: ¿En Rhode Island?

Mara: Sí.

KELLS: Gracias. ¿Puedes decirme un poco de por qué estás aquí?

[Silencio]

KELLS: Está teniendo complicaciones con las preguntas abiertas. ¿Podemos contrarrestar el Anemosyne?

Sr. ___: Podría no ser tan cooperativa.

KELLS: Bueno, no es exactamente cooperativa ahora, ¿verdad?

Sr. ___: Tendré que hacerle una intravenosa—

KELLS: Obviamente. Sólo—

Mara: Hiero a las personas.

Sr. ___: ¿Aún quiere que le ajuste—?

KELLS: No, veamos a dónde va. Mara, ¿a quién heriste?

Mara: A mi profesora.

KELLS: ¿Cómo se llamaba?

Mara: Morales.

Sr. ___: Su archivo dice que su maestra, Christina Morales, murió de un shock anafiláctico en reacción a fuego y picaduras el [dato censurado].

KELLS: Déjeme ver.

Mara: También a… un hombre. Él lastimaba a un perro. Y- yo-

KELLS: Está bien. Tómate tu tiempo. Sólo dinos lo que recuerdes.

Mara: Rachel.

Sr. ___: Rachel Watson, muerta, murió el miércoles [fecha censurada] en Laurelton. Restos decubiertos a las seis a.m. con los de…

Mara: Claire.

Sr. ____: Claire Lowe, sí, también los de su hermano, Jude Lowe…

Mara: Noah.

Sr.____: ¿Noah Shaw? No lo—

KELLS: Silencio.

Sr.___: Lo siento, wow. ¿Vio eso? Ella acaba de—

KELLS: ¿Qué más le han puesto?

Sr. ____: Cien miligramos de Zyprexa, como lo prescribe antes de su toma. No debería interferir.

Mara: [dice incoherencias]

KELLS: ¿Qué dijo?

Sr. ____: No lo sé. Jesús, mire—

KELLS: ¿Tiene algo más ella?

Sr. ___: No lo—

KELLS: ¿Tiene ella algo más?

Sr. ___: No. No.

KELLS: ¿Tiene algún historial de epilepsia?

Sr. ___: No lo creo.

KELLS: Bueno, ¿lo cree o lo sabe?

Sr. ____: No— Jesucristo. ¿Es eso un ataque de epilepsia? ¿Está teniendo un ataque?

KELLS: Apague la cámara.

Mara: [dice algo ininteligible]

KELLS: ¿Qué has dicho, Mara?

Sr. ____: Voy a llamar a—

KELLS: No llame a nadie. Apague la cámara. ¿Qué, Mara?

Mara: [habla confusamente]

Sr. ____: ¿Acaba de decir nuestros nombres? ¿Acaba ella de decir—

KELLS: APAGUE LA CÁMARA.

Sr. ____: Oh, Dios—

[Fin del análisis del video, 2:21 p.m.]

¿Qué tal? ¿Qué piensan que esté sucediendo? ¿Quién más muere de ganas de poder leer el final y a la vez muere de ansias de que el final se acerca? ¡Dinos lo que piensas en los comentarios!

Ahora ya puedes leer el segundo capítulo y el tercer capítulo traducidos a español 😀